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Errores comunes de un corrector principiante (por Ricardo Tavares L.)


El pasado mes de noviembre estuve presente en el Segundo Congreso Internacional de Correctores de Textos en Español, en la ciudad de Guadalajara, México, evento que formó parte de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, una de las importantes y fascinantes del mundo no solo por el tamaño, sino también por la organización y diversidad de actividades. Fue una gran ocasión para el reencuentro con buenos amigos, conocer otros más de todas partes, comprar libros y gozar de la hospitalidad mexicana, donde me siento como en casa.

Justo después de presentar mi ponencia, titulada Corrección de textos: disciplina de la lingüística aplicada, dos muchachas me formularon una pregunta en privado muy interesante: ¿cuáles son los errores que los jóvenes correctores cometen? En aquel momento les respondí grosso modo, pero ahora quiero brindar una respuesta más detallada y que sé puede ser de gran utilidad para los nuevos profesionales.


Según mi experiencia, además de lo que ya he investigado, puedo decir que ellos cometen las siguientes faltas:

1) Leer muy rápido para terminar inmediatamente. Algunos creen que un buen corrector es aquel que hace rápido su trabajo, que puede corregir 100 páginas en un día y así lograr que su jefe quede muy contento. Esto es un gran peligro, porque el corrector requiere observar no solo detalles tan pequeños como comas, puntos y acentos, sino también el sentido del texto, la coherencia, etc. Por tanto, leer a esa velocidad es arriesgarse a dejar errores sin corregir. La lectura de un corrector profesional es mucho más pausada en comparación con la de un lector común, con constantes relecturas y fijaciones. Esto está demostrado en una investigación en francés titulada L'œil du correcteur enregistré par eyetracking [El ojo del corrector grabado por eyetracking], que puede ser vista en la siguiente dirección en YouTubehttp://www.youtube.com/watch?v=TSeTLb9MMyQ. Esto debe ser entendido por los autores y editores, que a veces presionan sin base.

2) Corregir cuando no es necesario. Hay dos manifestaciones de esta falta. La primera es que los correctores principiantes tienen horror vacui cuando corrigen, o sea, se sienten intranquilos cuando verifican que una página de un libro no tiene ni un solo error, entonces se quedan aliviados si cambian por lo menos una coma y de esta manera "justifican" su trabajo ante el cliente. La segunda es que algunos correctores son tan perfeccionistas que no les gusta el texto y terminan por reescribir casi todo. Hay que recordar, como bien dice Alicia Zorrilla, correctora argentina de gran trayectoria, que el corrector no es coautor y que su papel es perfeccionar el texto. Además de eso, ella añade en su libro Normativa lingüística española y corrección de textos que el corrector debe seguir cuatro principios más: i) no tocar el texto original si su redacción es tan correcta que no lo necesita, ii) no justificar vanamente su trabajo con sustituciones léxicas o sintácticas inadecuadas o innecesarias, iii) siempre consultará al autor y respetará su opinión si se trata de cuestiones discutibles, y iv) el corrector deberá fundamentar cada una de sus enmiendas de carácter lingüístico (2009, pp. 117-118).

3) Ajustarse solo a la ortografía y gramática normativa. Mayormente los correctores son graduados en Letras, Periodismo, Traducción y demás carreras afines, y buena parte de su formación lingüística es de enfoque normativo. Relacionado con la falta antes descrita, a algunos correctores no les gustan ciertas variaciones lingüísticas que no son propiamente errores, sobre todo en los casos dialectales o sociolectales. La corrección debe garantizar, ante todo, la claridad del mensaje y considerar el contexto discursivo donde está enmarcado el texto.

4) Arreglar todos los detalles de una publicación a la vez. Esta falta va relacionada con la primera, la velocidad. La mejor estrategia es revisar por separado las diferentes partes de la publicación: paginación, encabezados, jerarquía de títulos, cortes de palabras, unificación, pies de página y demás. Tratar de corregir todo a la vez puede llevar como consecuencia dejar por fuera algún error que puede oscurecer la calidad de la obra.

Es importante que los cursos de capacitación de correctores adviertan estas faltas, para garantizar una óptima actuación en el trabajo y educar a los demás actores de la industria editorial.


Ricardo Tavares es Lingüista aplicado, Licenciado en Letras en la UCAB (Caracas, Venezuela), Magíster en Lingüística Aplicada en la USB (Caracas, Venezuela) y Revisor de estilo y profesor de Morfosintaxis del Español en la UCAB.

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